BPM: Un Europa gris?

de

Emilio Silva Barrera
emilio1965@gmail.com

En la novela Momo (1973), de Michael Ende, el mundo se ve trastocado por la dictadura de los hombres grises que imponen su cultura del tiempo. Bajo el imperio del ahorro de horas, minutos y segundos las personas pierden su humanidad, dedicadas a acumular más y más y se olvidan de las cosas que realmente le dan sentido a la vida y a la existencia colectiva. Los hombres grises se han hecho con el poder absoluto y se fuman las flores del tiempo que el resto de los humanos están ahorrando. Son adictos al tiempo de otros sin el que no serían nada.

El autor de La historia interminable publicó Momo en el año 1973, coincidiendo con la crisis del petróleo, otro momento en el que el mundo vivió un encogimiento para que luego se beneficiaran los de siempre. La sensibilidad de un escritor, de un poeta, puede ser el mejor sismógrafo que anuncie inminentes o futuras convulsiones de la sociedad.

Nueve años antes, Herbet Marcuse había escrito El hombre unidimensional (1964); en el que alertaba de la implantación de una sociedad donde el ciudadano se cosifica, dejando de ser sujeto para ser objeto: obediente, sumiso, acrítico. Marcuse, que se convirtió para una generación en un símbolo de la cultura revolucionaria, dio el mismo grito al analizar los procesos sociales y entender que en la sola satisfacción de las necesidades básicas se escondía una trampa.

Casi cuatro décadas antes el filósofo español José Ortega y Gasset escribió La rebelión de las masas (1926), un libro que anunciaba poco antes del crack de 1929 el nacimiento de un nuevo tipo de individuo al que él llamaba “el señorito satisfecho”; un ciudadano de clase media que considera que ha alcanzado la cima de la evolución social y que ya puede relajarse por los siglos de los siglos.

Una gran mayoría de la humanidad tiene inutilizada una de sus principales herramientas intelectuales: el pensamiento. El mero hecho de pensar se ha convertido en enemigo de nuestro modo de vida ¿o es al revés? Cuando un individuo no piensa, cuando las sociedades no piensan, están negando lo que son, lo que pueden llegar a ser.

Divanes de todo el mundo acogen a miles de mujeres y hombres que se desangran pensando en sus vidas, reflexionando acerca de su pasado, reparándose, reconstruyéndose, aprendiéndose, no conformándose con alcanzar un mínimo grado de hedonismo que anestesie las heridas que tiene todo ser humano por el hecho de vivir y de saber que todos a quienes ama van a morir.

Sin reflexionar hemos hecho un mundo a la medida de nuestros miedos, manejado por exportes pastores del temor ajeno; la luz eléctrica para negar la oscuridad, la superproducción de alimentos para alejar el hambre, las redes sociales por el miedo a la soledad… Nuestro mundo es un producto del miedo que a su vez es un producto de la falta de reflexión.

La defensa de Momo contra los hombres grises es una tortuga, Casiopea, que tiene la capacidad de anticiparse, de saber con cierta antelación por dónde van a pasar los hombres grises y eso le permite salir del imperio del tiempo. Europa es hoy un continente perdido, un sueño evaporado por los intereses de quienes quieren fumarse nuestro tiempo. Vivimos en una miedocracia, donde la ciudadanía cede su capacidad de pensamiento y de participación a cambio de una casa de ladrillo, luz, comida y redes sociales. La reciente cumbre Europea acaba de conquistar el tiempo de millones de ciudadanos paralizados por el miedo con el argumento de la necesidad de los ajustes. Lo que los ciudadanos debemos hacer es pensar y valorar la posibilidad de que otro modelo de sociedad donde nadie sople para derrumbarnos y eso nos permita vivir sin temor en casas de cartón. Del pensamiento debe surgir la fractura de esa lógica que nos permita crear otra que complete experiencias pasadas. Mientras tanto no hay que dejar de indignarse, resistir y actuar; porque muchos de los miedos se evaporan cuando te acercas a ellos.

http://www.emiliosilva.org

No related content found.

Post Popularity 0%  
Popularity Breakdown
Comments 0%