Ignasi Blanch se mueve como pez en el agua entre los trabajos de sus alumnos. Les aconseja, observa los bocetos y disfruta enseñando sus trucos para lograr un dibujo especial, un trazo personal para quien empuña el lapicero y un placer visual para la persona que tenga la oportunidad de adquirir la ilustración.
Como profesor, es una persona con un espíritu inquieto, consciente del empleo del tiempo que sabe administrar generosamente para transmitir sus conocimientos a los alumnos.
Como artista, es una persona eternamente joven, pero no por oscuros pactos mefistofélicos, sino a causa de un talento inmortal y por haber recibido el don de los artistas que son capaces de dibujar o escribir libros que se editan para los jóvenes, sin duda las joyas de la corona. Algunos nombres eternos son los de Enid Blyton o Sierra i Fabra.
Durante la semana cultural del Instituto Cultural Rumano, en una clase ofrecida gracias a la gestión del Instituto en colaboración con el propio Ignasi, una cantidad considerable de personas se acercó hasta la sede en las inmediaciones de la Calle Pintor Rosales, cerca del templo egipcio de Debod, para disfrutar y aprender durante una tarde dedicada a la ilustración y más especialmente a la corriente artística internacional, con Rumania en el punto de mira.
Charla con Ignasi Blanch
Así que Usted es la única persona de nacionalidad española que ha pintado un mural para el Muro de Berlín
Sí, es cierto. Eso ocurrió hace 22 años, mediante un concurso público. Era entonces una persona joven, lleno de ilusión y con muchas ganas de dedicarme a dibujar.
Ahora tras 22 años, puedo admitir que tuve mucha suerte. No me lo esperaba, en aquel momento.
(Toda la información respecto a este increíble y genial reconocimiento se puede encontrar en su página web).
Además vivió en Berlín. ¿Se acuerda de esa ciudad?
Mucho, a menudo y por diversas razones. Para cualquier persona que haya vivido en Berlin, supongo que será parecido. Era en aquel entonces, una ciudad con gran apertura a proyectos alternativos.
Ignasi Blanch, antes de comenzar la clase estuvo sentado junto a un proyector de diapositivas para presentar cada imagen y al mismo tiempo para ofrecer una charla didáctica y amena sobre el sector de la ilustración en España.
Salieron a flote algunos de los obstáculos que entorpecen el camino artístico de los ilustradores. Con la tormenta incesante de la crisis económica sobre la opinión pública, se habló del problema de la falta de reconocimiento profesional y por tanto, de la falta de valor económico sobre la ilustración.
La ilustración es una tarea de miniaturista, pero en la época en que vivimos, la recompensa ya ha dejado de ser la mera contemplación del reino celestial como en la novela Me llamo Rojo de Orhan Pamuk y necesariamente se impone la economía personal. Se trata de rentabilizar el tiempo, el arte no solamente se hace por amor, también es una inversión de energía; una persona puede pasarse un mes entero embadurnándose de carboncillo y soñando con los trazos de su dibujo para que después de enviar la criatura al mercado editorial, casi nadie sepa valorar justamente la delicadeza de las líneas ni el esfuerzo en elegir los rasgos.
Por otra parte, antes del verano, el suplemento cultural de un periódico español publicó un reportaje sobre los ilustradores de libros. Se desprendían algunas realidades como que durante un tiempo la figura del ilustrador quedó relegada a un segundo plano, hasta que durante la época de Charles Dickens, vivió un artista cuyos dibujos eran tan magníficos, que comenzaron a ser tan imprescindibles para la historia relatada como las palabras que plasmaba el propio escritor.
www.ignasiblanch.cat Contiene toda la información sobre el mural de The East Side Gallery.
www.icr.ro La página web oficial del Instituto Cultural Rumano.
Autora: Mercedes de Luis
Foto: Ignasi Blanch, archivo web


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