En el año 2000, el Consejo Europeo se expresó con las siguientes palabras en la Estrategia de Lisboa: “En un futuro lleno de desafíos, la inversión en I+D+i es la clave para mantener y aumentar el crecimiento, la productividad y el bienestar de nuestra sociedad”. Nueve años después, este texto ha cobrado carácter de profecía. La Estrategia de Lisboa descansa en el “triángulo del conocimiento”, en el que tres componentes -educación superior, investigación e innovación- deben avanzar de manera inseparable. Estos son los tres ejes que, junto con el fomento de la cultura científica, mueven al Ministerio de Ciencia e Innovación, creado en esta legislatura por iniciativa del presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Se trata de un Ministerio con un presupuesto cercano a los 8.000 millones de euros que ya está gestionando el 80% de todos los recursos que el Gobierno destina a la investigación y el desarrollo. Decía Goethe que “el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad”. Hoy el mundo atraviesa una situación difícil frente a la que debemos responder sin arredrarnos. La crisis nos enseña que la apuesta por la I+D+i no se puede relegar, e incluso que hubiera sido beneficioso convertirla en prioridad hace más tiempo. Nuestros dos países saben mucho de procesos difíciles de cambio que se han superado a base de firmeza. Alemania era un territorio de dos pueblos separados por un muro que parecía insalvable, y tuvo la valentía de derribarlo. Durante la Transición, España fue capaz de recorrer, a un ritmo vertiginoso, el camino de la dictadura a la democracia. Ahora tenemos por delante otro tipo de transición, una apuesta por la ciencia que deberá cambiar las raíces de nuestro modelo de desarrollo. Para llevarla a buen término sólo valen las mismas actitudes de entonces: la decisión, la unidad, la responsabilidad y la alineación sin fisuras con los intereses de los ciudadanos. El esfuerzo transformador será enorme, pero la recompensa también.

HACIA UN NUEVO MODELO DE GOBERNANZA
Además de crear conocimiento, la investigación contribuye al desarrollo económico y ha adquirido una relevancia tan notable que no puede quedar en manos de unos pocos. Es imprescindible que dotemos a la política de I+D+i de un modelo de gobernanza transparente y eficaz. El Ministerio de Ciencia e Innovación ha iniciado las tareas para reformar la vigente Ley de la Ciencia, que data del año 1986. Un grupo de expertos españoles y extranjeros especialmente seleccionado para ello ha presentado, tras seis meses de trabajo, una propuesta de texto normativo que identifica las claves fundamentales de la reforma, enmarcada dentro de ese propósito de gobernanza. El borrador promueve una relación directa entre investigación, innovación y desarrollo. Tiene muy en cuenta las intersecciones entre el tejido científico y el productivo porque España, una de las diez mayores economías del mundo en términos de PIB y novena en términos de producción científica, no ve adecuadamente reflejados sus avances ni en las empresas ni en su posición internacional.

Siguiendo la máxima de Thomas Mann (“Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes”), el Ministerio trabaja en cuatro pilares que estarán presentes en la nueva ley y que deseamos que sostengan el modelo científico-tecnológico en la Unión Europea: la gobernanza, la competitividad, la internacionalización y la cultura científica. Será fructífero detenerse en cada uno de ellos. En España, la Ley de la Ciencia abrirá las puertas a numerosas reformas que sucederán tanto gota a gota como en cascada. Así, una de sus grandes consecuencias será la modernización de la arquitectura institucional de los Organismos Públicos de Investigación, conocidos por su sigla, OPIs. Se trata de entidades especializadas en un área científica concreta, como la energía o la astronomía, salvo en el caso del mayor de ellos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que investiga en todos los campos. En España los OPI generan cerca del 50% de la producción científica de excelencia y dan trabajo directo o indirecto a más de 14.000 personas, lo que puede dar idea de la envergadura de los cambios. Con su modernización, conocida como Plan Prometeo, se reformarán sus estructuras de gobierno, se evitarán duplicidades y se conseguirá una mayor eficacia.
En el espacio de educación superior se desarrollará la Estrategia “Universidad 2015”, con la que España podrá situarse entre los 10 países más avanzados del mundo en educación superior, ciencia, tecnología e información. Algunos de los centros españoles ya están, por méritos propios, entre los más activos de Europa. Han asumido con firmeza el Plan Bolonia, garantizando que educan para el pensamiento crítico y para la creación de conocimiento. Porque como decía el filósofo español Miguel de Unamuno, “La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y a ser ignorante”. Ahora, esos centros deben quedar integrados sin reservas entre los que obtienen la etiqueta internacional de máxima competitividad y solidez. La Estrategia “Universidad 2015” implicará a las universidades en el cambio hacia una economía basada en el conocimiento. Un ejemplo de ello serán los “campus de excelencia”, que se constituirán como auténticos focos de dinamismo social generador de riqueza, que alentarán la innovación y que incrementarán la visibilidad internacional de la universidad española. El modelo constitucional español pivota sobre la existencia de 17 Comunidades Autónomas y dos ciudades autónomas que tienen competencias en investigación, desarrollo e innovación. Desde la Administración General del Estado hemos de buscar mecanismos de colaboración y partenariado que permitan el mejor de los entendimientos mediante la codecisión en la planificación y la subsidiariedad en la ejecución de las actuaciones de I+d+i. Las Comunidades participan en la elaboración la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología junto al Gobierno, y según el borrador de ley formarán parte de un nuevo Consejo de Política Científica y Tecnológica donde tomarán las principales decisiones en esta materia junto a representantes de la Administración Central. Quedarán, además, incorporadas al Sistema de Información sobre la Ciencia y la Tecnología, una herramienta que garantizará la planificación, el seguimiento y el control eficaz de las ayudas públicas a la investigación.

INSTRUMENTOS QUE FAVOREZCAN LA COMPETITIVIDAD
Todos los agentes sociales -Gobierno, patronal y sindicatos- consideran fundamental la mejora de nuestra competitividad y nuestra productividad, segundo pilar de la transición científica española. Para lograrla, nuestras actuaciones en el entorno científico han de estar dirigidas hacia la excelencia. Excelencia en términos de recursos humanos (atrayendo a la investigación a nuestros mejores estudiantes) y excelencia en cuanto a las acciones que llevemos a cabo en un momento como el actual. Para atraer los mejores científicos se introducirán criterios objetivos que garanticen su progreso laboral, así como el del personal técnico y gerencial de los organismos investigadores. Respetaremos tres principios en la reforma de su carrera: alineamiento con la Carta Europea del Investigador, asunción del sistema anglosajón de tenure track y facilidad para la movilidad entre centros públicos y privados y entre España y el extranjero. Deseamos que las estancias de los científicos españoles en el exterior comiencen a ser vistas como lo que son, una oportunidad extraordinaria para el aprendizaje por ambas partes. Y queremos atraer a los científicos extranjeros y que éstos consideren a España uno de los mejores destinos para la investigación en Europa. Sabemos que las mentes más brillantes acudirán a España cuando observen que existe masa crítica y entornos propicios para la creatividad y la explotación de los resultados científicos. Para lograrla habrá que generar polos que atraigan a los grandes expertos, como pueden ser los campus de excelencia, los OPI o el más de medio centenar de Instalaciones Científico Tecnológicas Singulares de que disponemos, cuya hoja de ruta se ha diseñado en sintonía con ESFRI, el Foro Estratégico Europeo sobre Infraestructuras de Investigación. No se puede ser sublime sin interrupción. Ni en todas las materias. Por eso, el Gobierno español apuesta por el desarrollo prioritario de cinco áreas estratégicas: salud; biotecnología; energía y cambio climático; telecomunicaciones y sociedad de la información; y, por último, nanociencia y nanotecnología, nuevos materiales y nuevos procesos industriales. Son áreas estratégicas que se configuran como núcleo principal de nuestra actividad y donde queremos liderar los proyectos que permitan a Europa desarrollar la Agenda de Lisboa. En algunas de estas áreas España ya es líder global, pero ha de consolidar su liderazgo y conseguirlo en las demás. Como explicaba Cicerón: “No basta con adquirir la ciencia, es necesario también usarla”. Para que la ciencia se use, genere riqueza y bienestar social, este Ministerio respaldará a aquellos agentes del sistema ciencia-tecnología que más acercan la investigación a la empresa, que puede aproximarla después al ciudadano. Entre esos agentes están los centros tecnológicos y las plataformas científicas. Los primeros impulsan la I+D+i procurando la relación directa entre administraciones públicas e instituciones privadas. Son instrumentos inestimables para el traslado de conocimiento a las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la mayor parte de nuestro tejido productivo y que con frecuencia carecen de recursos propios para generar su propio I+D. Las plataformas tecnológicas, por su parte, agrupan a todas las partes interesadas en el desarrollo de un sector específico considerado estratégico y permiten a las empresas españolas vincularse a iniciativas europeas de investigación, desarrollo e innovación. Pero si hay un órgano que ejemplifique la apuesta decidida por las empresas como agentes de investigación es el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, el CDTI, también dependiente de este Ministerio. A lo largo de 2009, el CDTI destinará 1.400 millones de euros a la financiación de proyectos de investigación empresarial. El borrador de Ley prevé la creación de una Agencia Estatal de Financiación que subvencionará la actividad investigadora, mientras el CDTI quedará convertido la agencia que financie su desarrollo experimental. Ambas trabajarán bajo los principios de transparencia, autonomía, eficacia y cooperación con otras unidades del sistema.

LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL SISTEMA ESPAÑOL DE I+D
La creación de conocimiento es una empresa sin fronteras y no conoce de nacionalidades. Consecuentemente, nuestro sistema de I+D+i ha de mirar al exterior y además ser capaz de atraer el talento allí donde se encuentre. Hay un conjunto de iniciativas en marcha que responden a ese objetivo: abrir nuestro Plan Nacional de Investigación a la cooperación con el exterior, con Europa y con el resto de las economías más importantes del mundo, como Estados Unidos, Japón. Para intensificar la cooperación con Japón, el Ministerio ha firmado un acuerdo con la Japan Science and Technology Agency (nanociencia y nuevos materiales, energía y tratamiento del agua) y con el National Institute for Fusion Science. También se ha llegado a un acuerdo con la Nacional Science Foundation de Estados Unidos para lanzar iniciativas conjuntas en el área de química y nanomateriales. Y no es el único proyecto que nos vincula a este país. Por primera vez, España participa desde sus comienzos en una iniciativa científica a escala global como es el International Cancer Genome Consortium, el llamado “G-8 del cáncer”. Es el mayor proyecto mundial que existe en estos momentos sobre esa enfermedad, y vinculará a España con siete de los países más avanzados del mundo en I+d+i. Con él se conseguirá un catálogo genómico completo de 50 tipos de tumores que están entre los de más alta relevancia clínica y social. Asimismo, España está presente en el G-4 de la investigación con células madre, el proyecto “Steam diseases”. Reunirá a las mentes más brillantes del mundo en equipos internacionales que investigarán terapias contra enfermedades específicas. Participan en él el California Institute for Regenerative Medicine, el Canadian Cancer Stem Consortium y el Medical Research Council de Reino Unido. El California Institute for Regenerative Medicine es la entidad más avanzada del mundo en materia de células madre, que como sabemos es un área investigadora que el presidente Barack Obama desea impulsar después de años de ralentización en Estados Unidos. Por tanto, estamos hablando de un programa estrella para un instituto estrella, y España está en él.En la Unión Europea, apostamos firmemente por las llamadas Joint Technology Initiatives, mecanismos que refuerzan la coordinación en aquellas áreas específicas que requieren una agenda común de los Estados miembros (como la aeronáutica, con CleanSky, o la nanoelectrónica, con ENIAC). También respaldamos, como Alemania, iniciativas como PRACE, el Partnership for Advanced Computing in Europe. Y queremos atraer infraestructuras comunitarias a nuestro suelo. España ha puesto todo su esfuerzo en la candidatura para acoger en el País Vasco la Fuente de Neutrones por Espalación, cuyo emplazamiento será objeto de inminente decisión por parte de ESFRI. También desearía convertir a Canarias en sede del Telescopio Óptico Extremadamente Grande (el E-ELT) y ha propuesto construir una nueva instalación singular, TEREI-Solar, que desarrollaría la energía solar térmica y fotovoltaica.
Durante el primer semestre de 2010, España ocupará la presidencia de la Unión Europea y aprovechará su posición para impulsar la dimensión internacional de la I+D+i comunitaria. Porque nosotros ya nos sentimos Europa desde hace tiempo, y entendemos que la palabra internacionalización tiene ahora otro sentido: abrir Europa al mundo. Con esta presidencia, el Gobierno dirigirá una buena parte de las actividades hacia la I+D, la lucha por la igualdad y el compromiso adquirido con la justicia social en el planeta. El conocimiento le pertenece a toda la Humanidad y por eso no nos interesa sólo el primer mundo. Deseamos una ciencia capaz de vincularse a la cooperación al desarrollo y a los más desfavorecidos, en línea con la primacía que tiene todo lo social en la agenda del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Intentaremos que parte de ese 0,7% del PIB que algún día España destinará al desarrollo lleve décimas de PIB científico.

LA COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA CIENCIA
Nada de todo esto tendría sentido si no somos capaces de explicarlo, y por eso el cuarto pilar de nuestra apuesta es el impulso a la cultura científica. Queremos que los ciudadanos interioricen la importancia de la ciencia para el futuro de la sociedad y comprendan su valor, la necesidad de todos los esfuerzos posibles para con la investigación. Impulsaremos cada instrumento a nuestro alcance para que España sea, decididamente, un país de cultura científica y tecnológica, fértil para el emprendimiento y la innovación. Queremos que la espléndida España de Picasso, el Quijote, la Alhambra, el cante flamenco y la cocina de El Bulli sea también conocida como una España capaz de la excelencia investigadora y tecnológica, que internacionalmente se reconozca tanto su talento científico como cultural. Con ese afán de difundir los avances investigadores, se ha dotado a la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) de un Programa de Cultura Científica y de la Innovación, se ha consolidado un servicio público de Información de Noticias Científicas (SINC) y se modernizará la red de museos científicos. Además, la propuesta de ley de la Ciencia obliga a ofrecer en abierto todos los textos científicos que aparezcan en revistas académicas con financiación pública. Se trata de una decisión muy avanzada de la que están pendientes hoy en día miles de jóvenes internautas, no internautas y de investigadores en general. Las tecnologías de la información y la comunicación nos están indicando claramente que, con los avances actuales, no tiene sentido la retención del saber. La nueva ciencia requiere de entornos abiertos, de espacios que favorezcan la creatividad, ya proceda de un laboratorio, de una universidad o de un garaje. Alemania ya ha sabido apostar por la cultura científica hace mucho tiempo, convirtiendo a sus ciudadanos en personas proclives a la investigación y a sus institutos científicos en algunos de los más reputados del mundo. Sus universidades, sus becas y premios, sus numerosos premios Nobel, su ritmo de creación de patentes o las sociedades Max Planck, Fraunhofer, Helmholtz y Leibniz son ejemplos a los que mirar sin ningún recelo. Permítanme apuntar que, en mi opinión, la introducción del krausismo en España en el último tercio del siglo XIX fue el principal desencadenante de la modernización educativa y de la aparición de la cultura científica española contemporánea. La adhesión de Francisco Giner de los Ríos a este movimiento, su creación de la Institución Libre de Enseñanza -y posteriormente de la Junta para Ampliación de Estudios-, el magisterio de Santiago Ramón y Cajal y el de José Ortega y Gasset tienen su fuente de inspiración en la Alemania bismarckiana. A día de hoy, lo que con el krausismo comenzó como una modesta vía de influencia de una sola dirección se ha convertido en una amplia y moderna autopista que sostiene un ingente tráfico de ideas e intercambios. Ni Ramón y Cajal ni Ortega y Gasset se lo creerían si lo viesen.

ESPAÑA Y ALEMANIA: UN FUTURO COMPARTIDO
Para terminar, no tendría sentido realizar una relación de todos los proyectos, instituciones, iniciativas o instalaciones que compartimos o en los que coincidimos ambos países, porque sería muy larga. Pero en este foro en el que hoy nos encontramos parece obligado hacer una referencia, por breve y apresurada que sea, a las relaciones académicas y científicas entre España y Alemania. Vuelvo otra vez a Goethe, quien decía que “El hombre más feliz del mundo es el que sabe reconocer los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio”. España reconoce la calidad de la investigación alemana. Pero además sabe que, por la vía de acuerdos y consorcios, podemos llegar a proyectos que signifiquen el bien para los dos países, para toda Europa. Porque en este mundo globalizado la autarquía científica es un error y el saber depende de la colaboración. Más allá de una Historia compartida, España y Alemania son dos países que tienen un mismo presente y objetivos comunes de cara al futuro. Han de actuar conjuntamente para salir de la crisis económica actual y hacer de Europa el mayor espacio de la economía del conocimiento y la sociedad del bienestar.
En el año 2007 nuestros dos países firmaron un memorándum de entendimiento para reforzar los partenariados público-privados en I+D. Uno de sus resultados fue la alianza trilateral PLANT-KBBE, de la que también forma parte Francia, cuyo objetivo es financiar consorcios público-privados que fomenten la investigación con plantas desde la perspectiva de la biotecnología y la genómica. Creemos que hay que ir hacia ese modelo, un modelo de colaboración bilateral y multilateral que integre todo el potencial compartido de investigación académica e industrial y que se vaya aplicando a las distintas áreas de interés común.
Además de la agricultura y la tecnología alimentaria, hay muchas materias donde nuestras aspiraciones pueden coincidir. Hace pocos meses, Obama mencionó la apuesta ejemplar de España y a Alemania por las energías renovables. Compartimos excelencia en energía solar, energía eólica, hidrógeno, biomasa, y muchos otros campos energéticos. También compartimos preocupación por el envejecimiento, uno de los principales problemas actuales de la sociedad occidental. España está decidida a afrontarlo investigando en materias como células madre, medicina regenerativa, medicina molecular y farmacología, donde tiene –como Alemania- enorme talento que aportar. Son sólo algunos ejemplos de áreas comunes de excelencia, pero habría muchas más. Hablemos de todas ellas a lo largo de este encuentro. Como decía Voltaire: “La ciencia es como la tierra: sólo se puede poseer un poco de ella”. Compartamos la tierra; evitemos fronteras. Nos esperan grandes descubrimientos que sólo podremos alcanzar en conjunción. Pero, como diría un bien conocido escritor alemán, “esa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión”.