1 Las cuestiones sobre la energía y el desafío ambiental con las que se enfrenta Europa y que son compartidas por sus vecinos, se concretan en cómo asegurar una energía competitiva y limpia en el contexto del cambio climático, la demanda energética global y las incertidumbres futuras de suministro. En este sentido tanto la volatilidad del precio del petróleo en los últimos años, como los problemas de suministro de gas ruso, han sido claras llamadas de atención a la UE por su situación de dependencia energética. Por otro lado los compromisos de Kioto y la próxima cumbre de Copenague, -en la que la UE desempeña un papel clave- constituyen el otro gran reto junto con el del bienestar social y económico. Una energía sostenible, competitiva y segura debe constituir por tanto, uno de los pilares básicos de la vida de cada día de los quinientos millones de ciudadanos de la UE. Todo ello debe ser contemplado en el marco de la sociedad y la economía europeas y su posición en el contexto de un mundo globalizado. Para tratar este desafío, Europa necesita resolver sus problemas comunes con una política común de energía.

2 No hay duda de que hemos entrado hoy en un nuevo paisaje energético. En el mismo las regiones económicas del globo dependen entre sí para asegurar su seguridad energética en condiciones económicas estables. Simultáneamente la acción efectiva contra el cambio climático está en todas las agendas políticas del mundo desarrollado; y esta interdependencia ha trasladado de manera visible al sector tecnológico.
No hay que olvidar por supuesto, que el acceso a la energía es fundamental en la vida de cada día del ser humano. Y que si dos tercios de los ciudadanos del globo están siendo afectados por precios altos, amenaza para la seguridad del suministro energético y el cambio climático, el otro tercio está luchando por tener acceso a la energía. Es un dato más que pone de manifiesto la necesidad de que la política energética de la UE, tenga una clara dimensión exterior, ligada también a la política de ayuda al desarrollo.



3 Como hito fundamental en este proceso, hay que señalar el de finales de 2005, cuando el Consejo Europeo de Hampton Court hizo un llamamiento en favor de una verdadera Política Energética para Europa. En respuesta a este llamamiento, la Comisión publicó el 8 de marzo de 2006 un Libro Verde sobre el desarrollo de una política energética europea. Puede considerarse por tanto como fecha histórica el que justo, un año después, en Marzo de 2007, el Consejo Europeo diera un paso fundamental al aprobar el paquete energético, al mismo tiempo que se establecía un objetivo de reducción de gases a efecto invernadero (GEI) de manera unilateral, del 20% para el año 2020 en relación a 1990 y de 30% si se acordaba con los países desarrollados. La Unión Europea ha establecido así, en sus decisiones políticas, un vínculo cierto y claro entre el cambio climático y la energía.

4 Como consecuencia de esas decisions clave, en los últimos años hemos asistido a un aceleración en la adopción de legislación europea sobre la energía. Hasta ahora dicha legislación ha estado basada –en el marco del Tratado de la Unión Europea- en las políticas de mercado interior (incluida la de Redes Treanseuropeas o la de cohesión, para las infraestructuras), o en la de medio ambiente. El Tratado de Lisboa permitirá formalizar mejor la base legal, si bien se mantiene la soberanía de cada Estado Miembro en la decisión sobre su mix energético, por ejemplo. No obstante es importante señalar el papel que podrá desempeñar el nuevo “representante exterior de la UE” en materia energética y su responsabilidad en términos de que la UE “hable con una sola voz” en el contexto internacional de la energía.

METAS E INSTRUMENTOS
5 La política energética para Europa constituye la gran oportunidad de iniciar el camino hacia la nueva economía baja en contenido de carbono. En línea con lo anterior, la Comisión Europea ha reconocido que los objetivos, tanto de estabilización de gases de efecto invernadero, como de energía renovable o eficiencia son ambiciosos pero claramente posibles
Los instrumentos necesarios ya están en marcha, tanto para el plazo inmediato como para el medio y largo. El proceso, que requiere enormes inversiones, será complejo y necesita fijar claramente el camino y las reglas de manera que todos los actores puedan fijar sus posiciones y tomar las decisiones relevantes.

6 La UE plantea su política de energía basada en tres pilares o líneas maestras:
• Seguridad de suministro
• Sostenibilidad y cambio climático
• Competitividad
 

7 Para llevar a cabo el cumplimiento de las grandes metas, la UE cuenta, en particular, con los siguientes instrumentos de la política energética:
– Mercado interior (incluyendo el aspecto del mix energético),
– Eficiencia energética (EE),
– Energía renovable (ER),
– Innovación,
– Infraestructuras, y
– Relaciones exteriores

8 Tanto las grandes metas de la política energética de la UE como estos instrumentos, se entrelazan y se influencian íntimamente entre sí, de manera que resulta prácticamente imposible establecer relaciones biunívocas y exclusivas entre unas y otras. Ello explica que cada instrumento presta servicio, en grado diverso, a las grandes metas de manera simultánea. Sin embargo todos ellos han de tender en definitiva, a reorientar a la UE hacia una economía baja en contenido de carbono en el medio y largo plazo.

RETOS INMEDIATOS

9 Hay tal vez tres grandes ejes críticos a lo largo de los cuales va a discurrir la política energética de la UE de cara a sus objetivos: la inversión y financiación; la innovación tecnológica; y el contexto internacional.
Inversiones

10 La crisis actual de los mercados financieros hace que esta cuestión sea más que nunca decisiva. La misma abarca todos los sectores y elementos de la política energética. Por una parte es decisiva para la seguridad de suministro futura, en particular para el petróleo, cuyas inversiones aguas arriba son básicas para asegurar la disponibilidad de reservas. La volatilidad de los precios dificulta la toma de decisiones de los inversores.
Pero asimismo es necesario asegurar en general as inversiones necesarias aguas abajo, en particular las redes de abastecimiento y sus interconexiones, tal y como ha señalado recientemente la Comisión Europea. En efecto las infraestructuras de transporte de energía son parte integrante de la política de energía europea. Su papel tanto en el mercado interior como en la seguridad de suministro es fundamental y las estrategias de interconexión de redes y de diversificación deben incorporarse sin reserva, dentro del mercado único. La estrategia, tanto de Alemania como España de conexión gasística con Rusia y Argelia, es un buen ejemplo. España ha venido invirtiendo además, en sus centros de GNL que pueden dar a la UE un factor inmediato de seguridad. Otro tanto podría decirse para las interconexiones eléctricas, del mismo modo las inversiones en generación de energía eléctrica precisan de estabilidad reglamentaria – en el mercado interior- y, entre otros, de la confirmación y puesta en práctica de la independencia efectiva de los reguladores. Resulta imperativo evitar el riesgo de un fallo de suministro estructural al fallar las inversiones a lo largo de la UE.

11 El Plan estratégico europeo de tecnología de la energía (SET plan) incorpora como elemento de estrategia la creación de iniciativas industriales, que potencien al máximo las posibilidades de los diferentes programas de I+D+i existentes. El Plan se considera necesario para que la UE pueda cumplir sus objetivos de política energética para más allá de 2020. Esto concierne básicamente a las energías de bajo contenido de carbono (renovable en primera instancia) y a la eficiencia energética.
La industria europea es líder en energía eólica y se abre una oportunidad adicional en el ámbito de la eólica marina. En la solar de concentración existe asimismo un gran potencial tecnológico cuyo desarrollo en fase comercial está iniciándose (existen ya ejemplos de éxito en la colaboración de empresas alemanas y españolas en este campo) pero que precisa de apoyo decidido de la política energética.
 

Ámbito internacional
 

12 En la práctica cualquier aspecto de la política de energía de la UE pasa por el contexto internacional en el cual la actuación de la UE deben contar con “voz única”. Esto ha sido aceptado políticamente pero su desarrollo práctico es más prolijo. El Tratado de Lisboa incorporaría un elemento de eficacia en este sentido, al adquirir mayor peso la función de representación exterior de la UE. La seguridad de suministro y la diversificación de las fuentes de energía tienen clara dimensión exterior comenzando por su política de vecindad. Pero hay que considerar asimismo cuestiones tales como la política de ayuda al desarrollo, dentro de los objetivos del milenio, o el incipiente Plan Solar Mediterráneo Alemania y España pueden, entre otras cuestiones, compartir experiencias en seguridad de suministro, tanto en las conexiones de infraestructura y conciertos bilaterales (Rusia, Argelia), como en el uso de Mecanismos de desarrollo limpio en el área de la energía, por ejemplo. Esto no obvia su trabajo dentro de la UE en lo relativo a la política exterior o a los compromisos post Kioto, por ejemplo. La próxima cumbre de Copenague va a marcar la senda de compromiso de todos los países en el periodo inmediato y debe ayudar a que, tanto las inversiones como la tecnología, tengan la necesaria referencia estable de cara a la consecución de los objetivos de política energética, entre otros.